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Parto Humanizado - Testimonios


Testimonios


Tratando de buscar con mi cuerpo el modo más placentero de dar a luz...
"El parto de Luciana"

Llegué de Suiza, en donde había vivido por 5 años, con 6 meses de embarazo, una incertidumbre total y llena de preguntas y de temores. Empezamos con Matías, mi marido, a averiguar donde iba a dar a luz. No sabía si sería en Rosario, lugar que sentí mío durante 24 años (y en donde aún viven mis padres); o en Buenos Aires donde hacía sólo 2 meses que estábamos viviendo y donde tenía un sentimiento de desarraigo por la falta de afectos cercanos. Recuerdo que en una de las clínicas que visitamos pedí conocer la sala de partos y con sólo observar la camilla casi salgo corriendo.
Preguntábamos a todos y por todos lados. Un día a través de una amiga conseguí un número telefónico de un obstetra que me recomendaba. Sin saber quién era, llegamos a su consultorio y conocimos a Carlos.
Hablamos un par de horas, exponiendo nuestras dudas, preguntas y contradicciones. Carlos nos contó un poco sobre su propuesta de parto natural: sin goteo, sin episiotomía, sin medicamentos, con una mamá activamente consciente y un papá presente y participante.
Yo tenía una orientación definida hacia la medicina natural, pero ¿"parto natural"?, me parecía casi una locura. A Matías la idea le pareció fantástica, pero en ningún momento intentó convencerme porque mi posición había quedado claramente establecida.
A pesar de no comentar nada a nadie, la propuesta de Carlos me quedó en la cabeza dando vueltas y también acepté asistir a una reunión en la que él junto a una partera, Raquel, coordinarían un encuentro y mostrarían videos a un grupo de embarazadas con sus parejas.
Cuando llegó ese día yo estaba muy ansiosa, nunca había visto un parto en directo y en el cual la parturienta no hizo más que exclamar: ummmm!... Pedí en broma que proyectaran uno en donde la mujer gritara mucho, porque así imaginaba yo mi parto, y así lo hicieron!.

En esa reunión, acordamos con la partera que íbamos a ingresar a un grupo de preparación con 5 mamás más.
Una vez por semana concurría a los encuentros en su casa , como una preparación física y emocional, trabajando procesos interiores que lentamente fui descubriendo y armonizando, sin saber muy bien adonde iba.
Comencé de a poco a tener más confianza en mi misma y en mis posibilidades. Los papás también asistían a estas reuniones una vez por mes, era muy divertido.
Cada consulta con Carlos era un cambio muy positivo en mis ideas. Escuchando a otras mamás, leyendo y expresando todos mis temores, el miedo fue desapareciendo.
Faltaban pocas semanas para el parto y seguía sin decidirme. Carlos me dijo que me atenderían donde yo quisiera, sea una clínica o en mi casa.
Unos pocos días antes de la fecha establecida, tomé la decisión de tener el bebé en mi casa. La mayoría de la gente me decía que estaba loca, que lo pensara bien, que era peligroso. A unos pocos la idea les fascinaba.
Un día me desperté y sentí que ese era el último día que tendría mi panza, me cambié y salí con mi mamá a caminar, necesitaba estar afuera, necesitaba mostrarla por última vez. En cada contracción descansaba un poquito y seguía caminando.
Cuando volví a casa le dije a Matías que faltaba poco. Mi casa era un caos, estábamos remodelándola y había albañiles y cajas de mudanza por todas partes. Para mí por el momento sólo existía nuestro cuarto. Preparamos y ordenamos todo, seguí levantada para distraerme con el movimiento de la casa y descansaba en las contracciones .
Cuando el dolor comenzó a ser más fuerte, decidí llamar a la partera, me dijo que fuera a su casa, sacamos las últimas fotos de la panza y nos fuimos . El viaje fue muy emotivo, lloré porque sentí la despedida, toqué y acaricié la panza y le pedí que me ayudara para que todo salga bien.
El dolor en un principio me asustó, toda la teoría comenzaba a actuar, pero sabiendo que faltaban unas horas traté de disfrutarlo, inclusive en cada contracción después que el dolor se iba, había un goce enorme, una paz que gratificaba.

Volví a mi casa más tranquila sabiendo que todavía no llegaba el momento.
Entre idas y venidas las horas se pasaban disimulando el dolor.
Estaba muy ansiosa, sin saber qué hacer. Probaba posiciones, caminaba, pensaba como sería el parto, como sería nuestro bebé, si estaría bien, sólo pénsaba en él o en ella (no habíamos querido saber el sexo), no quería hablar con nadie y de pronto los quería a todos cerca.
Decidí darme un baño de inmersión porque quería aliviar el dolor e inesperadamente me calmó y me gustó tanto que ahí me quedé.
No quería que Matías se moviera de mi lado y en cada contracción apretaba muy fuerte su mano y le pedía a mi bebé que me ayudara, que dolía mucho. Luego pasaba y la conexión era interna, necesitaba silencio, sentía que todo lo de afuera perturbaba ese trabajo tan intenso, cerraba los ojos y era como un trance, sentía que no estaba ahí, como si volara. Me asusté un poquito pero nunca pensé en pedir la peridural, me sentía feliz y muy cómoda en mi casa y en ningún momento extrañé "la seguridad" de una clínica.
Nadie me apuraba, nadie me obligaba a pujar o a descansar, fue sólo intuitivo, tratando de buscar con mi cuerpo el camino más placentero para dar a luz. No planificamos un parto en el agua, sólo sucedió así, maravilloso.
Cuando llegó el momento, en el baño se encontraban Matías, Carlos, Raquel y Oscar el pediatra. No recuerdo muy bien lo que decían, creo que no los escuchaba, sólo me cuentan que grité bastante. Cuando las contracciones empezaron a intensificarse cambié de posición y de estar cómodamente acostada, apoyé una rodilla en el piso de la bañadera y levanté la otra. De repente sentí un ardor intenso y una fuerza incontenible, casi orgásmica, me llevó a pujar. Todo fue muy rápido, toqué la cabecita que ya asomaba y con un grito casi interminable nació Lena, trayendo consigo la bolsa, y en seguida la pusieron sobre mi pecho. A los pocos minutos salió enterita la placenta, a la que pusimos como abono de un duraznero que plantamos al día siguiente y que mágicamente al tiempo nos dio 18 duraznos, conmemorando la fecha del nacimiento, el 18 de noviembre.

¡Una experiencia inolvidable que seguro se volverá a repetir!.

 

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