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Parto Humanizado - Testimonios


Testimonios


El tiempo del parto
"El parto de josé Luis"

Estás embarazada, querida, mi amor, que bién, estás embarazada, te hiciste el test, el evatest, el retest, el repechaje, tenés un atraso, todo es un gran resultado positivo, que éxito, cómo se van a poner los abuelos, los futuros abuelos, quiero decir, mi suegra cuando se entere, ya lo está contando ella, por teléfono, no pudo contenerse ni guardárselo un minuto, enseguida la llamó a la madre, a mi suegra, porque primero mi suegra y no mi vieja, siempre igual, siempre lo mismo, acapara el teléfono, siempre está un segundo adelantada, parece un reloj de carrera, y bueno, es la madre, como dicen, que la hija con la madre son una yunta, y yo acá, con las manos ocupadas, siempre el mismo gil, filmando y filmando, que filmá esto, cómo no lo vas a filmar, y ahí quedó, el evatest filmado, el test también y el repechaje del test y qué se yo, ahora filmo la llamada de mi amor, mi esposa y ahora futura madre, no la mía, digo, la de mi futuro hijo, pero cierto, que ahora dicen que hijos son hijos desde la concepción, y que escuchan y hablan ahí adentro, sienten, v que no grites, que no pongas la música fuerte, que acariciá la panza y hablale. Yo practico, cuando no está ella practico con una pelota de fútbol, le hablo, la inflo y le hablo, la acaricio y le apoyo la cabeza encima, trato de escuchar y por ahí escucho cómo se desinfla y ahí me despierto, que qué estoy haciendo, que enloquecí y demás.
Un buen día, la que te digo vino con una nueva, que ni te cuento, me quería matar. Que había encontrado una nota, de unos tipos que se atrevían a controlar un parto domiciliario, o algo así, y que eso era lo que estaba buscando, y ahí nomás se despachó con un montón de firuletes verbales, que no a la episiotomía, que no al parto inducido, que no a la perídural, que no al parto horizontal, que no que no y que no, y yo que no entendía bien de qué me hablaba. Ahora no, ahora soy un experto, y te digo todas estas palabras que aprendí después, pero en ese momento, ni hablar, no sabía ni distinguir a la cigüeña de la contracciones, qué queréis que te diga. Lo único que entendí era que todos esos "no" se solucionaban con tenerlo en casa, y ahí me caí de culo, pero la dejé pasar, con una sonrisa, un caballero, siguiendo consejos de no sé quién, que dicen que a las mujeres embarazadas hay que seguirles la corriente, como a los locos, sí, que se ponen loquitas y que hay que darles todos los gustos, entonces yo hice caso de esos consejos que ni me acuerdo ni sé de donde los saqué, pero que me llevaron hasta una reunión en donde me encontré con otras minas así, con el raye que le agarró a ésta, y estaban los maridos, los pobres tipos que las miraban hablar como si estuvieran avistando tierra con Colón, y me veía igual, en esas caras me veía yo, y me daba verguenza, pero qué les pasa, ya no se puede tener hijos como cualquier hijo de vecino?. Me acuerdo que adentro mío la cosa se me complicaba, no quería contradecirla, no encontraba la manera de hacerla recapacitar. Querida, -pensaba en los discursos que podía darle a la noche, en la tranquilidad de la cama, leyendo un diario o una revista, como quien no quiere la cosa-, ¿te parece bien? o ¿lo ves posible?, no sé, así me la pasé los nueve meses, con la revista en la mano buscando el momento oportuno. Pero se me fué pasando, algo de razón tenía la loca, que es su cuerpo, y sí, que no quiere que con su cuerpo se cometan "arbitrariedades", y cada vez que me decía esta palabra pensaba en Castrilli sacando la tarjeta roja. Y sí, que la cesárea era una operación, y sí, y por qué se tendría que operar?, y sí, que al pibe lo apuran a nacer porque en las clínicas se hace negocio, y sí, que no tiene por qué apurarse, y sí, y bueno, y qué se le va a hacer, me dije, y le dije, ya sin fuerzas, ya desganado, casi dispuesto a seguirla, y qué problema hay, si todo el mundo hace lo mismo?. Para qué, me contestó con un arranque de furia, que ella no era todo el mundo, que no le importaba lo que todo el mundo piensa y hace, y que yo soy como todo el mundo, como todos, mejor dicho, y en ese todos estaba yo y el mundo de los maridos desconcertados, a mí, que me parecía de lo más natural, de lo más normal, la clínica, la valijita apurada para rajar de apuro, el llamado telefónico para la reservación, el taxi a toda máquina, el pañuelito blanco al viento, boludeces, ¿viste?; qué se yo, eso que cualquiera se imagina porque lo vió mil veces en la calle, en las películas, las veces que se lo contaron a uno, y yo me manijeaba con eso, y ahí nunca me imaginé otra cosa, ni siquiera se me ocurrió pensar que eso tenía un principio, para mí eso había sido así desde el principio de los tiempos, qué animal...
La cuestión es que me convencí de a poco, en esas reuniones vimos algunos videos que me hicieron pensar que tan grave no era la cosa, hasta me pareció lindo, estar en casa y eso de que todo fuera familiar, los tipos seguíamos mirándolas a ellas medio raro, medio feo, pero empezamos a decir algo, yo dije algunas cosas, y la vergüenza que me daba decir. Para peor sentía que ella me clavaba la mirada en la mejilla, a ver que decía, a ver cómo la dejaba en público, qué difícil che, así no se puede hablar tranquilo, sin trabucarse, pero me animé a decir mis cosas, y hasta llegué a comentar eso que dejaba pendiente en la cama, con la revista en la mano, que siempre me tapaba la cara cuando me dormía. Y así entré en confianza, empecé a preguntar, preguntando se llega a Roma, dicen, y ahora entiendo porqué yo nunca salí del país, viejo, si hasta me pareció que era la primera vez que preguntaba algo, pero algo de verdad eh, algo de esas cosas que te quedan adentro como una espina, me entendés?. Si me preguntaran ahora, después de todo lo que vivimos con este parto, que tal el embarazo de mi mujer, y yo diría qué bárbaro, fué de mi mujer y yo no hice de palo, de poste, no me quedé paradito ahí esperando a que me dieran pelotazos, si los pelotazos me los daba ella cuando quería seguirle la corriente, después ya no, después yo era el que quería la casa, el parto natural, la posición natural, el tiempo natural, los duraznos al natural, todo natural, viejo. Lo tuvimos en casa, che, nadie lo puede creer, cada vez que la loca de mi mujer lo cuenta no le creen, o le creen pero hasta ahí, como que saben qué paso pero como si a ella no le hubiera pasado, como si estuviera contando algo de un libro, es raro, vos sabés. Salió todo bien, no te voy a decir que estaba seguro del todo, que llegué hecho un potro al momento, pero valió el esfuerzo, al rato estábamos comiendo pollo como si nada, con el píbe en brazos repartiéndose entre la familia, que lloraban a moco tendido, sobre todo la suegra, y mi vieja, claro, pero después. Y yo filmando y filmando, de esa no me iba a salvar, si hasta cuando salió le tuve que dar un beso al pendejo agarrando la cámara para que no se me cayera de la emoción.
Mirá, yo no soy un tipo de mucho análisis, vos sabés, pero sí te puedo decir algo, si me preguntas en qué me cambió esta experiencia, es en que me dí cuenta que hay un tiempo para todo, viejo. Como se dice por ahí: "tiempo al tiempo", y es cierto, ¿qué apuro hay? ¿quién te apura?. Yo tenía la idea de que todo esto del parto era saber rajar para algún lado, y que el que tenía que saber y ocuparse de para qué lado rajar era yo, que la otra ya tenía bastante con hacer fuerza y bancarse la que viniera sin chistar. Bueno, me casé con alguien que chista y no hay manera de taparle la boca, y que si ella tenía derecho a chistar, yo también, y eso de rajar y rajar a mí no me va, estaba preparado, como siempre, que me explicaron que hay que madrugar, que hay que llegar temprano, que si antes mejor, que el tiempo es oro, que el soldado es una pelotita de nervios, que usá el tiempo para algo útil y esas cosas que ya sabés. Y es como si en mí algo hubiera nacido.


 

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